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Sensaciones en VIVO el FIN DE SEMANA


María Eugenia Vidal, el delicado frente social y el inquietante mensaje de la Iglesia

Eduardo Aulicino/INFOBAE

Eduardo Aulicino/INFOBAE
VIDAL Y STANLEY EN CRÍTICAS

Realismo y cambio de discurso empiezan a ser parte de una misma ecuación para el Gobierno. Algo de eso reflejan las señales que viene dando para flexibilizar la discusión de paritarias y los esfuerzos para asegurar un piso de obras públicas. Ayer, para completar, se sumó María Eugenia Vidal con anuncios sociales para la provincia. Capricho del calendario o no, la gobernadora lo hizo cuando aún suena el eco de las últimas y duras críticas de la Iglesia, referidas a la situación social pero en medio de su enorme malestar por el avance de la despenalización del aborto. Todo un dato político.

La gobernadora anunció ayer tres medidas que, admitió, intentan ser parte de una respuesta al propio pronóstico sobre los meses de frío económico que se avecinan. Lo hizo en La Plata, en un acto formal. Informó que será adelantado en unos días el pago del medio aguinaldo a los estatales de la provincia, y también que se dispuso una suba de la jubilación mínima y un aumento de la cifra y de los alcances de las asignaciones familiares.


El anuncio de la gobernadora no habría ido más allá de los límites bonaerenses, leídos incluso en función de la prematura carrera electoral, si no fuera por el contexto nacionalizado que lo rodea y por los movimientos que se vienen registrando en el círculo de decisiones políticas más cercano a Mauricio Macri.


En ese cuadro, no constituyen pinceladas menores la cuestión socioeconómica y los mensajes recientes de autoridades de la Iglesia vinculadas de manera directa al papa Francisco. La cronología de los hechos es muy sugerente, aunque fuentes muy cercanas a Vidal negaban anoche cualquier vinculación con sermones u otros mensajes.


"Estaba previsto desde hace varias semanas", asegura un funcionario bonaerense. Lo dice frente a una pregunta casi obvia: ¿los anuncios hechos ayer en La Plata pueden ser interpretados como una respuesta al mal momento que vivió la gobernadora el viernes pasado, en el marco de la Semana Social de la Iglesia? Allí, el presidente del Episcopado, Oscar Ojea, y el titular de la Comisión para la Pastoral Social, Jorge Lugones, fueron muy críticos del Gobierno y respaldaron de hecho la protesta y el paro de la CGT previsto para apenas un par de días después.

Fueron significativos sobre todo el tono y la precisión del blanco elegido para los cuestionamientos y advertencias. La cita religiosa había reunido en primera línea a la gobernadora y a la ministro Carolina Stanley, dos conocidas de Jorge Bergoglio por su trabajo social en la Ciudad, que habían sido recibidas a principios de este mes en la residencia de Santa Marta.

Lugones fue especialmente directo. Dijo que estaba bien mencionar los verbos "hacer" y "estar" para referirse a la gestión de gobierno, en alusión a los términos utilizados por Vidal en su discurso, pero agregó que "lo importante es sentir" y " tener sensibilidad social". La gobernadora sobrellevó el momento.

Resultaría forzado suponer una confrontación abierta, por sus creencias -lo cual hizo más llamativo el mensaje del obispo- pero no es un dato desdeñable el peso de la gestión. Ayer, en La Plata, Vidal reiteró el sentido de sus dichos: "El anuncio de hoy tiene que ver con estar y dar respuestas a los momentos difíciles que atravesaremos en los próximos meses".

El reconocimiento público de la gobernadora sobre el difícil panorama económico y social viene de la mano del realismo, tardío, que el Gobierno decidió asumir para dejar de lado las definiciones en el mejor de los casos voluntaristas sobre la posibilidad de superar de manera más o menos rápida la crisis de arrastre que enfrenta el país, agravada por el impacto de la crisis cambiaria y sus efectos inflacionarios.

El otro eco hace a la interna oficialista. Vidal no estaría sumándose a ese discurso, sino más bien sería una promotora de ese giro. Sus posiciones y las de otros referentes con gestión a cargo, como Horacio Rodríguez Larreta, y de exponentes de la llamada ala política son expuestas desde hace algún tiempo más crudamente en la mesa de análisis y decisiones más cercana al Presidente.

La idea de intentar atender el delicado frente político y social no escapa a la gestión de la gobernadora. Y anota en sus primeros renglones a varios funcionarios. Stanley, en un continuado de negociaciones con los movimientos sociales. Jorge Triaca, en primer lugar aunque no solo, en las tratativas con los jefes sindicales, flexibilizadas de hecho las paritarias para discutir con una base de 20 por ciento y cláusulas de revisión. Y Rogelio Frigerio, en conversaciones con los gobernadores para buscar un entendimiento sobre el ajuste del déficit pero sin desarmar peligrosamente el motor de la obra pública.

Ese despliegue, más allá de los efectos prácticos que pueda garantizar, no se explica como respuesta automática a las señales emitidas por la Iglesia desde hace meses y coronadas, pero no agotadas, por el presidente del Episcopado y el titular de la Pastoral Social, en Mar del Plata. En cambio, parece poco razonable disociar tales dichos del malestar creciente de la Iglesia por el avance del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo.

Las autoridades eclesiásticas enviaron un mensaje contundente a los senadores, que tienen en sus manos la iniciativa luego de la aprobación en Diputados. Era de esperar que el resultado registrado en la Cámara baja tensionara la cuerda: se verá seguramente con mayor claridad de aquí al 8 de agosto, fecha prevista para la votación en el recinto del Senado.


Hasta allí, si se quiere y con amplitud, sería parte de una pulseada dura que, es sabido, conmueve a los principales bloques, divide aguas más allá del origen político. En rigor, el malestar con el Presidente es por haber abierto las puertas del Congreso al tratamiento del proyecto, aunque varios legisladores oficialistas trabajen en línea con referentes religiosos, no sólo católicos, para frenar la iniciativa en este segundo capítulo legislativo.

En cambio, resulta inquietante advertir que el malestar por el tratamiento de la despenalización del aborto estaría tiñendo el discurso crítico de la Iglesia sobre la situación social. Vidal, en ese caso, habría recibido un mensaje que pone en crisis hasta viejos puentes de diálogo.

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