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Agua y bronca: el campo acorrala a los intendentes

LA TECLA.INFO

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Las inundaciones azotan a varios distritos y desde las sociedades rurales exigen respuestas a los alcaldes de Cambiemos, a quienes apoyaron antes de la elección. ¿Qué gestiones soportan los enojos?

“La historia se repite dos veces: primero como tragedia y después como parodia”, sentenció muchísimo tiempo atrás el filósofo y economista Karl Marx. Esa frase parece cobrar vitalidad hoy más que nunca cuando varios intendentes de Cambiemos -que sufren las inundaciones en su distrito- tienen que ponerles la oreja a los reclamos de un sector aliado en su campaña electoral: las sociedades rurales locales.

Sabido es que los jefes comunales constituyen el primero de los mostradores en los cuales se vuelcan los descontentos, y en ese sentido, ninguno de los alcaldes con campos inundades zafó de escuchar reproches por parte de los productores.

Con mayor o menor énfasis, las quejas rurales incomodan a los intendentes de turno porque los ubica en una encrucijada que enfrenta intereses, ya que tienen la necesidad de defender a las entidades locales a las cuales representan, pero, al mismo tiempo, esa defensa conlleva a expresar un descontento ante un gobierno bonaerense con el que comparten espacio político.

Hay de todo. El avance de las aguas tuvo efectos múltiples en los reclamos agrarios. La necesidad ulterior de defender los cascos urbanos en aquellos distritos donde las inundaciones hicieron estragos complicaron el escurrimiento de los desbordes de los ríos. Resultado: el agua se la quedaron los campos que funcionaron a modo de defensa de las ciudades. Si bien esta situación fue entendida por las asociaciones que nuclean a los productores rurales, en paralelo, la certeza de haber perdido las cosechas incrementó el malhumor.

Así las cosas, cuestionamientos históricos de este sector hacia los gobiernos de turno, que se presentaban bajo las formas de sugerencias, levantaron temperatura y se transformaron en exigencias. Del mis-mo modo, también aumentó el requerimiento de reuniones y audiencias que estas instituciones le realizaron a las gestiones municipales.

Los principales pedidos son tres: ex-tender la emergencia agropecuaria a todo el territorio afectado por las inundaciones, gestionar ante Provincia obras y acciones que saquen el agua de sus campos y -el más intenso de todos- lograr que los intendentes destinen más recursos al mantenimiento de los caminos rurales.

El pago de la tasa de la red vial es clave en el ida y vuelta. Es que los productores entienden que pagan mucho impuesto y vuelve poco. En este punto particular, el sector agrario pretende que haya más inversión en maquinarias y en la contratación de mano de obra calificada para que las vías de comunicación estén transitables.

El pressing agrario llegó a tal nivel, que en ciudades como Carlos Tejedor la gestión municipal decidió darle lugar a la formación de un consorcio que administra el 85% del ingreso de la tasa de red vial, para que los mismos productores se encarguen de llevar adelante el arreglo de los caminos.

Lo demás puntos que integran las quejas brindan una especie de amnistía hacia los ejecutivos locales, pero aun así no llegan a significar una tregua en la miraba que los distintos sectores agrarios comienzan a tener de Cambiemos. El campo sabe que las grandes obras de infraestructura para evitar que las inundaciones sigan haciendo mella en sus cosechas dependen de la Provincia; ergo, mucha de la bronca se descarga contra la administración bonaerense.

Por fuera de los planteos agrarios, Gobierno y municipios esperan que el nivel de precipitaciones baje paulatinamente y le ponga un freno a la espuma de los reclamos. No obstante, el devenir de la historia indica que el sector agropecuario no olvida. Cambiemos deberá, entonces, redefinir las estrategias para reavivar el fuego de un amor que comienza a apagarse.

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