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Sensaciones en VIVO el FIN DE SEMANA


Si te roban, hay que entregar todo y correr a buscar ayuda

A Daniel Oyarzún (37) le brillan los ojos cuando habla de aquellas épocas. Jura que a los 16 años era el mejor “hombreador” de Zárate, y qu...

A Daniel Oyarzún (37) le brillan los ojos cuando habla de aquellas épocas. Jura que a los 16 años era el mejor “hombreador” de Zárate, y que llegó a cargar hasta 210 kilos de carne sobre su espalda. Antes de eso, había sido “desenganchador” y ayudante de chofer, siempre del mismo equipo de reparto de carne. “Me fui haciendo”, dice. “Fui trabajando de a poco mi cintura, y cada vez fui cargando más. Porque si no lo hacés bien, a mi edad, tenés la cintura rota”. Pero todo suena a nostalgia. Porque el presente es más presente que nunca, y oscuro. Por eso los ojos, cuando cambia de tema, le dejan de brillar.

Pero todo suena a nostalgia. Porque el presente es más presente que nunca, y oscuro. Por eso los ojos, cuando cambia de tema, le dejan de brillar.



El presente es la vida a partir del mediodía del martes 13 último, cuando dos jóvenes lo asaltaron en su carnicería y él subió a su auto para recuperar el dinero que le habían robado. La persecución terminaría con uno de los motochorros muerto. Y con “Billy” tres días detenido.

Ese presente hasta acabó, por el momento, con el que era el próximo objetivo de Daniel: abrir una nueva carnicería, en lo que es el garaje de sus padres. Un sueño para él, comparado a una infancia sin ir siquiera a la escuela primaria, teniendo que salir a pedir comida por los locales de Zárate, para llevar algo a su casa. Ya había pasado más de 15 años de empleado en otra carnicería. Y experiencias en comercios –siempre del mismo rubro– de Campana, Pilar y supermercados chinos.



En lo que fue “su primera carnicería” tuvo mala suerte: una explosión terminó con sus heladeras rotas, y tuvo que volver a ser empleado. Hace dos años y medio, junto a su hermano se animaron y, pidiendo préstamos a familiares, créditos de pago diario y tarjetas de crédito a amigos, a comprar las herramientas y heladeras. Todo marchaba bien. Hasta el martes.

¿Qué día tiene pensado volver a trabajar?

Esta semana. Estoy ansioso, inquieto. Quiero volver a trabajar, que es lo que me hace feliz. Quiero agradecerles a todos los clientes que se acercaron estos días a ayudarme con dinero y donaciones, y a pedirme que abra. Con eso pude pagar el alquiler y darle algo de plata a los proveedores. Ellos me dijeron que me iban a dar crédito de mercadería para volver a empezar de cero. También vinieron a darme apoyo muchos vecinos, diciéndome que a partir de ahora serán clientes nuevos. Nos ha contactado gente de Salta, Córdoba y varias provincias más, para ayudarme. Un mecánico se ofreció a arreglarme el auto gratis, no bien lo recupere.

¿Cómo tomó que en la puerta de la carnicería le hayan dejado cinco casquillos?

No me generó nada. Me lo tomé tranquilo. Cualquiera puede haber pasado, en moto o caminando, y dejar los casquillos ahí. La verdad, no es un problema para mí. Estoy tranquilo; no fue una molestia. Estoy contenido por mi familia, que es lo principal. El sábado volví a la carnicería: limpié todo y tiré la mercadería que perdí, que serán unos 50 mil pesos. O sea, que voy a abrir sin nada y con esa deuda. Para ir y volver a mi casa tengo que llamar a los policías que me están cuidando, para que me acompañen. Eso me da tranquilidad, aunque a la vez me siento algo inseguro.

¿Ya había sufrido algún asalto?

En esta carnicería había sufrido un solo intento de robo. Entró un ladrón, sacó un arma, me pidió la recaudación y, por suerte, entraron dos clientes y se fue sin robarme nada. Seguí trabajando, como si nada. En la carnicería no tengo cámaras, ni rejas, ni un custodio, nada. Me gusta sentirme libre en mi lugar de trabajo. El trato con el cliente no es el mismo estando enrejado. No es lindo. ¿A quién le gusta que lo atiendan así? La forma para que el cliente te elija es atenderlo con humor, charlarle. Se tiene que ir con una sonrisa de la carnicería, y las rejas hacen que todo sea más distante.

¿Cómo fue regresar a su casa?

Lo primero que hice fue abrazar bien fuerte a mis hijos, y a mi señora que la luchó tanto. Yo sabía que ese momento iba a llegar; no tenía dudas, y saber que iba a volver a mi casa era lo que me daba fuerzas. Ahora siento que tengo que ser libre y feliz, como me enseñó mi papá: ser laburador, padre de familia, y bien humilde. Siempre con humildad. Él me decía ‘con humildad vas a llegar lejos’. Y ahora quiero trabajar para tener mi casa, y que mi hija pueda invitar a alguna amiga. Porque ahora estamos en lo de mi suegra y no tenemos comodidades.

¿Su barrio es inseguro?

En la carnicería sentía continuamente hablar del tema. Es un local de barrio, donde te enterás de todo, y por los vecinos vas escuchando de los robos en el barrio y la ciudad. La inseguridad existió siempre acá; nosotros no tenemos que andar disparándole a nadie, ni corriendo por cualquier lado a los delincuentes. Está claro que hay inseguridad en todos lados. Hay que poner policías para que podamos caminar tranquilos con nuestros hijos.

¿Qué le recomienda a una posible víctima de un asalto?

-Que entregue todo. Si te roban, hay que entregar todo y correr a buscar ayuda. A pesar de la impotencia que se siente.

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